INFORME DE COYUNTURA. Segundo trimestre 2017

  • La economía crece vigorosamente, más del 3%, y las amenazas parecen conjuradas, por lo menos a corto plazo. Incluso la quiebra de uno de los principales bancos del país ha pasado casi desapercibida. No hay nubes en el horizonte, tanto económico como político. La crisis económica ha dejado un legado de paro y endeudamiento–han sido diez años perdidos– pero también una cierta capacidad institucional y financiera para afrontar cualquier problema por grave que pueda parecer. Lo ocurrido con el Popular es sólo un ejemplo pero hay muchos más, el principal de los cuales es un coste del dinero casi simbólico gracias a la gestión del BCE, lo que hace mucho más llevadera la vida de familias, empresas e instituciones. El ahorro de intereses para familias y empresas no ha bajado de 90.000 millones de euros en 2016 en relación a 2008 cuando el Euribor estaba en el 5%. Para el Estado español el ahorro ha sido también incalculable: pagar sólo 32.000 millones de intereses por una deuda que ya rebasa los 1,2 billones de euros es una bicoca. De otro modo, estaríamos en quiebra y seguramente en recesión.
  • El problema es que todo esto durará lo que dure la política monetaria del BCE, una política a imagen y semejanza de la adoptada por la Reserva Federal con el mismo objetivo—afrontar una crisis financiera enorme– con la diferencia de que aquella se aplicaba en un país políticamente unido, los Estados Unidos se llaman y no por casualidad, y esta se aplica a una Europa desunida donde los estados nacionales tienen prioridades diferentes y casi siempre contradictorias. No hay más que ver el pulso que mantiene Draghi desde hace años con Alemania en beneficio de la supervivencia de la zona euro y en apoyo de unos países, los mediterráneos, a los que ha sentado muy mal una zona monetaria en la que, como es lógico, no pueden devaluar, lo que les ha complicado la vida considerablemente. Para España la diferencia ha sido brutal. La crisis de 1993 supuso una caída del  PIB del 1% y dos años perdidos. La crisis de 2008 ha supuesto una caída del PIB de diez puntos, por lo menos, y diez años perdidos. Mal negocio este del euro pero estábamos advertidos de antemano de que no respetar la disciplina de precios, salarios y gasto público se pagaría en términos de empleo. Es lo mismo que nos ocurrió en 1993 lo que quiere decir que seguimos sin aprender de nuestros errores.

1. De momento, todo marcha perfectamente, sobre todo si solo consideramos el corto plazo, como hacen los políticos. La economía crece y crea empleo, aunque sea un empleo de poca calidad que no resuelve los problemas de financiación del estado de bienestar, algo que de todas maneras no puede ser afrontado sin reformas de gran calado. Lo que parece más difícil, el déficit público, objetivo incumplido una y otra vez, tampoco se cumplirá este año, a pesar de que la recaudación crece a tasas del 10%, similares a las que se producían antes de 2008 y que tantas satisfacciones proporcionaron a nuestros políticos y funcionarios, ansiosos de demostrar que siempre encuentran nuevas y originales maneras de gastar todo lo que cae en sus manos.

El Congreso ha aprobado el Presupuesto aunque para ello Rajoy se haya dejado unos cuantos pelos en la gatera, algunos de los cuales proporcionarán una tranquilidad temporal a nuestro atribulado consejero de Hacienda, hasta entonces empeñado en subir los impuestos, aunque solo fuera para demostrar que el PNV es más socialdemócrata que el PP.

Los políticos salen finalmente del túnel en el que ellos mismos se han metido por su negativa a reestructurar la Administración, reducir sus plantillas y no tocar, o apenas, el sistema de pensiones que sabemos insostenible a largo plazo. Ahora sólo van a tener problemas con los sindicatos de funcionarios que reclamarán su parte del pastel. Entre los más tempraneros, los vascos de Educación para quienes tener menos de 20 alumnos por aula (19,7 exactamente) les parece una miseria, y reclaman la incorporación de otros 2.000 profesores más. Una nada. Qué menos que dirían en Bilbao. Todo será necesario ante los malos resultados que el sistema educativo vasco obtiene en todas las encuestas oficiales a pesar de que gasta por alumno el doble que otras comunidades. Antes ya madrugaron los ertzainas para los que los más de 8.000 efectivos son también insuficientes dado que su movilidad (segunda actividad) es escasa. La Administración Central por su parte convoca 20.000 nuevas plazas. Dada su productividad, tenemos la seguridad de que nunca serán suficientes.

El Concierto tiene un beneficiario natural y prioritario que, curiosamente, no es el pueblo vasco, que paga tantos impuestos como los demás, y se vuelve la espalda a la tradición histórica de haber sido siempre una zona de baja presión fiscal. Como decía aquella ocurrencia del campesino vizcaíno: “¿Qué quiere decir Concierto? No pagar”. Es una lástima que los campesinos vizcaínos hayan desaparecido casi por entero y solo hayan quedado los no campesinos bilbaínos para los que todo es poco.

2. Pero estas son consideraciones menores. El horizonte económico parece despejado gracias a que el BCE se ha ocupado de las cuestiones importantes y ha hecho lo que tenía que hacer para sacar al euro del desastre en que se había metido por culpa de países que no conocen lo que es el rigor presupuestario ni la disciplina de precios y salarios, y que nunca debieron haber formado parte del mismo, como Grecia y España, perjudicados por una iniciativa de la que quisieron formar parte por razones de prestigio político (¿cómo íbamos a quedarnos fuera?) sin mirar sus consecuencias.

La recuperación económica, que parece finalmente consolidada, aunque Draghi tenga dudas, no resuelve el problema de la heterogeneidad de los países que pertenecen a la zona euro y cuya convivencia en la misma sigue siendo de lo más problemática. Como decíamos hace unos meses, una cosa es pertenecer al mercado único y competir en él, y otra cosa muy diferente es compartir la misma moneda. De momento, los problemas parecen en vías de solución gracias a que el BCE ha tenido barra libre. Aprovechando que las circunstancias eran excepcionales, Draghi ha aplicado un programa no menos excepcional y seguramente irrepetible, como es llevar el balance del BCE hasta los cuatro billones y los tipos de interés a niveles negativos. Así cualquiera, que diría un castizo, pero habrá que ver qué pasa ante la postura irreductible de Alemania que rechaza cualquier componenda sobre los eurobonos y la mutualización de la Deuda. Para Alemania los países mediterráneos son buenos si compran Mercedes y Audis, sin barreras arancelarias, pero no lo son si debido a ello mantienen déficits exteriores permanentes que no son sino la otra cara de la misma moneda.

3. A pesar de crecer a ritmos cercanos al 3% (3,1% en 2017) seguimos teniendo un superávit de balanza de pagos, gracias en parte a la recuperación de nuestras Exportaciones, que han aumentado un 8% hasta abril, lo que indica que finalmente los mercados europeos se han despertado. La tasa de cobertura (Ex/Im) ha llegado al 91%, un porcentaje abrumador para aquellos que todavía recordamos que, durante los años sesenta del pasado siglo, esa tasa de cobertura solía estar en torno al 30%, y había que sumar los ingresos por turismo, las remesas de los emigrantes y las inversiones exteriores para cubrir el agujero comercial, y ni aún así bastaba. Como dijo entonces un ilustre economista: cuando el déficit comercial rebasa los 2.000 millones de dólares, hay que parar la economía. Lo que va de ayer a hoy.

Lo que sí es cierto es que la bonanza que estamos viviendo es producto de  las políticas monetarias del BCE, y no de la atención descuidada prestada por Rajoy a los problemas económicos que le deben aburrir hasta la saciedad y en los que prefiere no entrar, lo que es de agradecer. Menos mal que Europa afronta los problemas de las áreas frágiles de la zona euro, problemas que ella misma ha creado, aunque no lo piensen así los alemanes. Gracias a unos tipos de interés por los suelos, familias y empresas españolas pagaron en 2016 sólo 41.000 millones de intereses, 92.000 millones menos de los que pagaron en 2008 con un Euribor en el 5%. Algo parecido ocurre con la Deuda pública que, a pesar de seguir creciendo, ya ha llegado a los 1,2 billones, no costará más de 32.000 millones de intereses. Todo un alivio para las maltrechas cuentas públicas.

Este ha sido el viento de cola esencial, el que ha propulsado nuestra recuperación. Los otros, la cotización a la baja del euro y el precio del barril del petróleo, que ha supuesto un ahorro de unos 20.000 millones, son derivados de aquel, y todos tienen fecha de caducidad por lo que empezamos a preguntarnos qué pasará cuando la coyuntura cambie de signo y los tipos de interés empiecen a subir como no pueden dejar de hacerlo antes o después. Como dice Draghi “ la política monetaria se mantendrá hasta que la inflación se mantenga en niveles próximos al objetivo durante un largo período de tiempo”. Está claro que el BCE va a resistir todo lo que pueda y las subidas serán muy graduales dado que es consciente de la vulnerabilidad de países tan endeudados como Italia, cuyo déficit público está en el 132%, España, 100%, o Francia, 97%. De hecho, los tipos de interés a largo, de los que depende la Deuda Pública, ya están subiendo, aunque el impacto es gradual porque la deuda sólo se renueva parcialmente.

No es de extrañar que el Banco de España advierta sobre esta amenaza en el sentido de que “el elevado endeudamiento de la economía española supone una vulnerabilidad ante eventuales aumentos adicionales de los tipos de interés… Esta situación subraya la necesidad de trazar un plan de consolidación presupuestaria a medio plazo en un contexto en el que en 2016, por segundo año consecutivo, la política fiscal adoptó un sesgo expansivo”. Hablar de consolidación presupuestaria cuando el Presupuesto de este año se cerrará con un déficit no menor de unos 30.000 millones, parece una gollería y desde luego no forma parte de las preocupaciones fundamentales de una clase política llena de imaginación y creatividad a la hora de gastar, supuestamente en beneficio de los intereses generales del país.

Gracias a los famosos vientos de cola, y a la buena marcha de las Exportaciones, la economía española no necesita para nada esa creatividad pese a lo cual el Estado ha gastado en los últimos años 120.000 millones de euros más de lo que le correspondían si hubiera respetado los objetivos de déficit fijados por la Comisión Europea, límites que han sido vulnerados hasta en seis ocasiones, lo que revela que el Gobierno no pensaba a la hora de hacerlo en el estado de la economía sino en el estado de la administración, incluidas las Comunidades Autónomas, a las que la Administración Central ha prestado, sin posibilidad alguna de recuperación, no menos de 130.000 millones de euros.

Los políticos no están preocupados por administrar el país, que no es más que una fuente de problemas, sino por administrar la Administración, que proporciona oportunidades de todo tipo, como empleo para allegados, subvenciones para conocidos, ayudas clientelares, ERES para empotrados, obra pública para quienes financian partidos, urbanizaciones para concejales de urbanismo, etc, en las que se pueden arrebatar cuantiosas plusvalías. Los políticos sólo piensan en eso puesto que de la economía ya se ocupa el BCE o Bruselas.

4. Gracias a Europa se ha podido rescatar el Banco Popular. La increíble terquedad de Sanchez Ron al negarse a dimitir hace años ha terminado de la peor manera posible, con la quiebra de la entidad y la pérdida para sus más de 300.000 accionistas. Lo curioso es que casi todos sus errores los cometió en fecha muy tardía: entró tarde en el sector inmobiliario, que no respondía al perfil tradicional del banco, hasta entonces uno de los mejor gestionados de España, y compró tarde una entidad bancaria, el Banco Pastor, que no valía nada y por la que pagó 1.200 millones de euros sin ningún tipo de ayuda pública. Encima se empeñó en resolver el desaguisado de la manera más costosa posible, mediante sucesivas ampliaciones de capital hechas en el peor momento posible, en lugar de fusionarse o ser absorbido, alternativa que a título personal suponía un desdoro. Muchas veces, la ruina de una empresa es deudora de la vanidad de sus gestores, más preocupados por su imagen que por la de la entidad.

En cualquier caso, y a diferencia de lo sucedido con las cajas de ahorro, el banco ha sido rescatado por la iniciativa privada y sin ayudas públicas, por lo menos aparentemente, aunque el Santander no tardará en demandar algún tipo de favor en instancias oficiales. Con esta absorción, el panorama bancario experimenta un nuevo clareo hasta el punto de que no quedan más de cinco entidades significativas que ya controlan el 72% del mercado. España,  antiguamente uno de los países europeos más poblados por sucursales bancarias, ve como estas se reducen a toda velocidad tras una reestructuración que se ha cobrado casi 20.000 oficinas y 80.000 empleos, lo que va a dejar a la mitad de los municipios españoles sin ninguna oficina bancaria.

Menos mal que el futuro apunta a la posibilidad de realizar todo tipo de operaciones bancarias vía teléfonos móviles de enésima generación lo que está absorbiendo todas las energías de una banca más informatizada que nunca. Si no hubiese sido consecuencia del azar pensaríamos que todo ha sido el resultado de una conspiración de las entidades más grandes para desembarazarse de las más pequeñas y especialmente de un competidor tan molesto y tan difícil de desplazar localmente como las cajas de ahorro que, eso sí, pusieron de su parte cuanto fue necesario para hacerse el harakiri.

5. Rajoy, que ve que todos los problemas se resuelven sin esfuerzo y gracias a los demás, debe pensar como Voltaire que todo está bien en el mejor de los mundos posibles. Es de suponer que si aún conservaba algún impulso reformista, producto seguramente de unas relaciones contra natura con Ciudadanos, se le habrán disipado, por lo menos hasta 2019, momento en el que tendrá que volver a hacer como que gobierna.

Los españoles deberían ser conscientes de que al frente del Estado hay un señor que ha elegido conscientemente la alternativa de endeudarnos hasta las cejas con tal de no tener que reformar una administración ineficiente. En definitiva, la política de Rajoy responde exactamente al estereotipo de pan para hoy y hambre para mañana. Una manera como otra cualquiera de aplazar ese momento de la verdad que con toda seguridad legará al que le suceda.

Los  gráficos del trimestre.

Hasta 2014, la situación de la economía española, lo mismo que la griega o la portuguesa, era crítica. La caída del PIB estaba acompañada por un déficit público brutal y una crisis bancaria de dimensiones inacabables. No había capacidad de reacción por lo que supusimos que la recuperación no sólo  se retrasaría sino que, además, sería muy débil.

Sin embargo, gracias al BCE, esos negros nubarrones no se han cumplido. El BCE aplicó una política monetaria de una envergadura tal que no sólo compró deuda pública en cantidades masivas (en 2016 la mitad de la emitida por España), sino que puso los tipos de interés en tasas negativas, lo que ha supuesto un tremendo alivio para todos los agentes económicos. Este impulso vino acompañado por el abaratamiento del barril de petróleo y una considerable depreciación del euro el mundo. Justo lo que España necesitaba para salir del agujero.

Gracias a ello llevamos tres años creciendo a ritmos del 3%. Esta bonanza, totalmente artificial, durará el tiempo que los alemanes permitan a Draghi seguir con su política, probablemente no más allá de 2018. En un escenario normal, con subida de  los tipos de interés, España no tiene capacidad para crecer por sus propios medios más de un 1% de media anual, tal como estima el Banco de España en un reciente informe.

Los famosos vientos de cola están reflejados en los siguientes gráficos

Fuente: Expansión

Sólo la caída de los tipos de interés ha supuesto un ahorro de 92.000 millones de euros para familias y empresas, a lo que hay que sumar el ahorro de unos 20.000 millones por el petróleo. Cifras tan considerables como para entender que hayamos vuelto a crecer a pesar de soportar una deuda pública y privada de enormes dimensiones. Lo que no impide que seamos conscientes de que tenemos una espada de Damocles pendiente sobre nuestras cabezas que condicionará nuestro futuro.

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