No nos ayuden, por favor

Hace poco se produjo una cierta polémica cuando se planteó la creación de tres nuevas facultades de Veterinaria en España. Teniendo en cuenta que hay catorce, lo que ya es desmesurado, y hay mucho licenciado en paro, el intento parecía una extravagancia.

En realidad, era de lo más normal del mundo. España está llena de gentes que pretenden ayudar a sus conciudadanos aunque no se lo pidan, proporcionándoles bienes y servicios que nunca habían echado de menos, y que no necesitan para nada. Esas gentes desinteresadas, que no tiene problemas de presupuesto u oportunidad, se conocen como funcionarios públicos y constituyen la mayor parte de la clase política.

Los españoles se sienten indefensos ante tanta iniciativa por resolver problemas que no existen (cuando muchos de los realmente existentes no reciben la menor atención), iniciativa que nos cuesta un ojo de la cara. Ahí está el caso de los trenes de alta velocidad irrentables, de los aeropuertos vacíos, de las ciudades de las letras, las artes, o el cine, de las carreras de fórmula uno, de las regatas de clase América, y un sinfín de fértiles iniciativas que harían la lista interminable. Eso sí, cuando hubo que dar de comer a más de un millón de españoles a los que la crisis había crujido, los servicios sociales les redirigían a Cáritas.

España podría mantener cosas que no necesita por su irresistible vocación al despilfarro siempre y cuando tuviera un superávit fiscal. Incluso en ese caso, algunos se preguntarían por qué no se dedican los excedentes a ofrecer servicios que la ciudadanía estaría encantada de disponer, como guarderías o residencias de ancianos. El problema es que ese excedente no sólo no existe sino que el año pasado, a pesar de las mejores condiciones macroeconómicas que se han dado en los últimos diez años, el Estado gastó 50.000 millones más de los que ingresó debido a que está sobredimensionado.

Una cifra brutal que tiene a la Comisión Europea doblemente cabreada (encima el Gobierno no hace las reformas que le piden) y que agrava el enorme problema de endeudamiento que tiene la economía española. En este contexto, iniciativas como la descrita, y otras ocurrencias por el estilo, que todos los días  surgen de la inspiración de  la clase política y los funcionarios, que son lo mismo, carecen de sentido.

Siempre he pensado que la reacción ciudadana antes estas y otras barbaridades debería ser la misma: por favor, no nos ayuden, bastaría con que no nos complicaran la vida. Probablemente  es pedir demasiado.

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