Del concierto

Al hilo de la aparición de formaciones políticas que intentan romper con el bipartidismo, ha surgido un debate acerca del Concierto Económico. Como si se tratara de algo tan atípico como cuestionable, los nuevos políticos han encontrado en el Concierto un tema para la crítica y el cambio que, a diferencia de otras cuestiones, –reforma laboral, por ejemplo– seguramente será bien recibido por una audiencia que busca algo alternativo siempre que no le afecte personalmente.

Hay que decir ante todo que el Concierto no supone ningún privilegio, a menos que se calculen mal los coeficientes utilizados. Esto es tan así que, para la gran mayoría de las Comunidades Autónomas, un Concierto como el nuestro resultaría ruinoso porque les sería imposible sostener a su propia Administración y encima derivar un Cupo considerable a la Administración Central, como hace el País Vasco. Todos aquellos que padecen tasas de paro por encima del 25%, es decir media España, son incapaces de hacerlo.

Lo que quiere decir que el Concierto es muy bueno si las cosas te van bien pero es también un arma de doble filo si no te van tan bien. Por algo no lo quiso en su día la Cataluña de Pujol que lo rechazó despectivamente a la vista de sus condicionantes. Y es que se trata de una herramienta que nos hace corresponsables fiscalmente hablando. A diferencia de lo que sucede en otras Autonomías, la nuestra no puede desentenderse ni del gasto ni de la recaudación. A la mayor parte de las Autonomías eso les da igual ya que son autónomos sólo para gastar, lo que a los políticos se les da muy bien, tal como se está viendo últimamente.

De todas maneras, la defensa del Concierto más efectiva, sobre todo contra aquellos que hablan de solidaridad, es decir todos los que esperan que los demás les resuelvan la vida, sería preguntar a aquellas Comunidades Autónomas que han recibido ingentes cantidades de ayudas públicas del exterior en qué medida las han utilizado para convertirse en economías sostenibles y modernas, capaces de seguir creciendo en el caso de que ese trasvase de fondos desapareciese. Me temo que la respuesta iba a ser desoladora.

Dicen que la mejor defensa es el ataque, y si estuviera en el lugar del Gobierno Vasco, me pondría a estudiar afanosamente las experiencias en materia de gasto público de Andalucía, Extremadura, Murcia o Valencia, y su correlación con el potencial de crecimiento económico correlación que no sólo no es positiva sino que sospecho que puede ser negativa: cuantos más recursos se les han proporcionado más han puesto sus únicas esperanzas en el resto de España y no en sí mismos.

También habría que preguntarse por qué las regiones deben ser solidarias e igualitaristas y no las personas dentro de una misma Comunidad. Por ejemplo, Andalucía, gobernada desde siempre por socialistas, debería explicar por qué su legendaria desigualdad social no se ha reducido lo más mínimo, y cómo es que los andaluces ricos no son solidarios con los andaluces pobres. Tampoco han puesto demasiado empeño en el desarrollo de su propia economía a diferencia de nuestro caso ya que el Concierto presupone también hacer que la economía funcione. El debate real no es sobre el Concierto Vasco (eso no es más que una excusa) sino sobre el desenvolvimiento económico y desempeño administrativo de más de media España, la más pasiva y dependiente, cuyo futuro parece de lo más sombrío.

Pese a todo, el Concierto Vasco no ha sido un lecho de rosas, aun reconociendo que ha fomentado el autocontrol y moderado el impulso natural a gastar sin medida, y eso que todos los miembros del Gobierno Vasco son funcionarios. Como todo lo que ha sido gestionado por políticos, los resultados del Concierto son discutibles. Al menos se le podrían poner tres grandes reparos:

  1. Podía haber sido aprovechado para bajar los impuestos, lo que no ha sucedido, para hacer del país una zona fiscalmente atractiva para la inversión (las Diputaciones han hecho justamente lo contrario), como ha hecho Irlanda sin ir más lejos. Durante muchos años, a las administraciones vascas les sobraba el dinero a pesar de lo cual, como buenos funcionarios, nunca sintieron la tentación de rebajar la presión fiscal, cosa que podían haber hecho sin problemas. La Comunidad de Madrid, cuyas ventajas comparativas (capitalidad, turismo, etc) son indiscutibles, siempre ha defendido la más absoluta uniformidad fiscal en toda España lo que ha servido para plantear una implícita OPA hostil hacia todas las demás Comunidades en materia de inversiones y domicilios fiscales. En España siempre se ha confundido unidad con uniformidad.
  2. Los verdaderos beneficiarios del Concierto no son los ciudadanos de a pie, esa chusma que sólo sabe pedir, sino los desprendidos funcionarios, gentes conocidas por ser absolutamente desinteresadas y por su irresistible vocación por servir al país, pese a lo cual sus salarios son inexplicablemente un 40/50% más altos que los del resto de la Administración española, sin ninguna razón de productividad o profesionalidad que lo justifique. Hemos cambiado una administración, la centralista por otra, la autonómica, igual de ineficiente. Antes había pocos funcionarios y estaban muy lejos; ahora tenemos una pléyade y los tenemos encima, lo que puede que no sea precisamente una ventaja. Sería curioso saber las razones por las que una Comunidad que ha sido casi siempre gobernada por nacionalistas empeñados en creer lo muy diferentes que son del resto de los españoles nunca sintieron la tentación de hacer una Administración de nueva planta igualmente diferente, donde los funcionarios no tuvieran ni la más remota tentación de hablar de plazas en propiedad y su productividad no fuera homeopática, esa típica inclinación españolista en la que sucumben sindicatos como ELA y LAB.
  3. Por razones básicamente electorales, el gasto público y las iniciativas de todo tipo se han concentrado de manera desmesurada en Bilbao, lo que está creando importantes agravios comparativos con Álava y Guipúzcoa. Creo que ello se debe, a partes iguales, a la mayor iniciativa bilbaína a la hora de pedir, y al hecho, absolutamente objetivo, de que el partido que gana en Vizcaya tiene muchas posibilidades de hacerse con el Gobierno Vasco. El hambre y las ganas de comer.

Pese a todo, a España le iría mejor si las regiones se gobernasen por un sistema como el nuestro. No acabar con el Concierto vasco sino extenderlo al resto de España. Se ha demostrado que es una buena herramienta, tan buena como la más moderna, de corresponsabilidad fiscal, que buena falta les hace a todos, empezando por la administración central. Lo malo es que exige un cierto rigor y disciplina, algo que, como se ha demostrado durante la crisis, somos incapaces de entender y asumir.

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