COYUNTURA ECONOMICA Octubre 2013

• La evolución reciente de las Exportaciones y el Turismo ha supuesto un cierto alivio para la economía. Demostrando fehacientemente que la salida de la crisis solo puede venir del exterior, los ritmos de caída del PIB y del empleo se han atenuado, la balanza de pagos ha alcanzado signo positivo, lo que es por sí mismo un hecho histórico, y se ha creado empleo, desgraciadamente poco cualificado y estacional. Saldremos de la recesión próximamente, lo que no quiere decir que hayamos superado una crisis monumental que ha arrojado al paro a más de seis millones de españoles y puesto un tremendo interrogante sobre nuestro futuro.

• La decisión de las instituciones internacionales de suavizar la presión que ejercen sobre el Gobierno español, a la que debemos la mayor parte de las reformas realizadas, ha sido recibida como agua de mayo por parte de una clase política que suspiraba por levantar las restricciones de gasto o dejar para más adelante las reformas pendientes, sobre todo la de pensiones, caladero de votos esencial. Pero los problemas estructurales no mejoran e incluso muestran síntomas de empeoramiento. El crédito al sector privado además de ser caro sigue cayendo a la misma velocidad con que la deuda pública aumenta. Es verdad que la prima de riesgo ha descendido sustancialmente pero nadie duda de que se trata de una tregua temporal a la espera de que afloren nuevos datos que confirmen las dificultades de la economía española para hacer frente a semejante deuda.

• Si alguien pensaba que éramos diferentes y que la crisis pasaría de largo en el País Vasco (Zenarruzabeitia dixit) estaba claramente equivocado. Como en el resto de España, la crisis ha cavado un foso entre la economía privada y el sector público que han seguido caminos, sobre todo por lo que se refiere al empleo, totalmente divergentes. La Administración se ha cubierto las espaldas pero la economía ha quedado a la intemperie, lo que configura un panorama en el que las dudas sobre la sostenibilidad del sistema no dejan de crecer. Sin economía no hay bienestar, ni pensiones, ni sanidad ni siquiera administración, pero para la clase política eso son consideraciones a largo plazo. Mientras tanto, los impuestos siguen aumentando.

1. La coyuntura veraniega ha arrojado datos que son, sin duda, positivos, sobre todo por lo que concierne al sector exterior, es decir, las exportaciones y el turismo. Sólo en el mes de julio han entrado en España ocho millones de turistas (sesenta millones en el conjunto del año), un dato muy positivo, sobre todo teniendo en cuenta que se trata de una actividad madura cuya oferta de sol y playa ha evolucionado muy poco. Esta ha sido la razón de la buena marcha del empleo, sobre todo en relación a años anteriores, aunque todos seamos conscientes de que se trata de una mejora estacional. Menos del 6% de los nuevos contratos son fijos lo que demuestra que la famosa dualidad del mercado laboral se mantiene como antes de la reforma.

También las Exportaciones han cambiado de signo lo que avisa de una mejora sustancial de nuestros mercados fundamentales, los europeos, que han salido de la recesión en el segundo trimestre, y eso que se trata, en palabras de Draghi, de una recuperación que está muy verde. A pesar de que seguimos vendiendo básicamente por precio y de que el número de empresas exportadoras es escaso, el tejido empresarial, en medio de grandes dificultades de financiación, ha hecho un gran esfuerzo por aumentar su presencia en el exterior, una vez que se ha convencido, puede que definitivamente, de que no hay otra salida que la exterior.

Este último dato, el de las Exportaciones, ha sido poco favorable para la economía vasca que sólo ha aumentado las mismas un 2,5% (España: 8%). Incluso, las exportaciones guipuzcoanas y alavesas han retrocedido (-8,2% y -5,6% respectivamente). Esta evolución difiere sustancialmente de la vivida en crisis anteriores caracterizadas por sendas devaluaciones seguidas por incrementos en las ventas al exterior muy rápidas. Una de las conclusiones esenciales de esta crisis es la falta de reacción derivada de nuestra pertenencia al euro. De la misma se desprende un hecho fundamental para nuestro devenir: lentitud para salir de la crisis y debilidad del crecimiento en el futuro.

2. La economía española muestra una evolución contradictoria entre lo que podemos llamar la coyuntura inmediata y su capacidad de cambio estructural. A corto plazo las cosas van mejorando aunque lentamente y saldremos de la recesión posiblemente en este trimestre, sin olvidar que el ejercicio en su conjunto va a ser malo: caída del PIB en torno al 1,2% (1,6% en 2012) y destrucción de unos 550.000 empleos (800.000 en 2012), que no se incorporarán en su totalidad a las listas del paro (la población activa cae fuertemente).

A esto se le llama desde el Gobierno “la salida de la crisis”, en la esperanza de que la gente crea que el signo de los acontecimientos va a cambiar si no radicalmente sí de forma considerable. Pero la clase política ha demostrado una capacidad para el cambio estructural tan limitada que sigue sin resolver los problemas previos a una verdadera salida de la crisis, que son esencialmente dos, un crédito que sigue descendiendo, y una evolución negativa de la deuda pública que ya se sitúa, siguiendo un crecimiento imparable, en el 93% del PIB, una evolución que nos puede dar muchos sustos en el futuro. Y eso a pesar del alivio que ha representado la caída de la prima de riesgo, un hecho que no deja de ser una especie de tregua temporal provocada básicamente por el BCE, que ha inundado de liquidez los mercados.

Está claro que no estamos preparados para afrontar el futuro. Un ejemplo lo tenemos en la financiación. No sólo la morosidad aumenta, y ya está por encima del 11%, sino que el crédito al sector privado, familias y empresas, sigue cayendo a ritmos muy rápidos, no menos del 10% este año, lo que hace sospechar que el saneamiento del sistema financiero está lejos de haberse completado y las dudas que se ciernen sobre su futuro no sólo no se disipan sino que se mantienen incólumes. De momento, los bancos prefieren financiar al Estado antes que a las empresas, sobre todo si son pequeñas y medianas. Sólo entre un 20 y un 30 por ciento de las mismas obtienen los créditos que solicitan. No se trata de falta de solvencia sino de aversión al riesgo por parte de unos bancos con problemas de rentabilidad.

Pero es que ese crédito escaso es además caro; las pequeñas y medianas empresas pagan el doble que las grandes (gráfico nº 1). Un diferencial similar al que se da entre los costes del crédito de los países del sur de Europa y los del norte (gráfico nº 2). Aunque el euribor se sitúe en niveles mínimos, los diferenciales se han vuelto enormes. Mientras en 2006 los diferenciales medios se situaban en 0,4 puntos, en 2013 se acercan a los cuatro puntos, (gráfico nº 3). Con una inflación no mayor del 1,5%, los tipos de interés reales oscilan entre tres y seis puntos. Un sobrecoste inasumible, un golpe durísimo para nuestra competitividad y una razón más para no invertir. Esta es la verdadera prima de riesgo porque es la que mejor refleja las dudas sobre nuestro futuro.

Gráfico 1 – PRÉSTAMOS A LAS EMPRESAS
Tipos de interés (%)

Dibujo1

                    Fuente: El País

Gráfico 2 – EL PRECIO DE LOS CRÉDITOS
Tipos de interés para nuevos créditos a empresas. Importe inferior a un millón de euros y vencimiento hasta cinco años.

Dibujo2

                     Fuente: El País

Gráfico 3 – LOS DIFERENCIALES SE HAN DISPARADO
Euribor y Tipos de Interés en %

Dibujo3

                     Fuente: El País

Una de las grandes incógnitas de la crisis, el colapso del sistema financiero, sigue sin haber sido resuelto seis años después del estallido de la crisis. Lo mismo se puede decir de todos los sectores que funcionan en régimen de oligopolio (comunicaciones, energía eléctrica, etc.) que trasladan hacia el resto de la economía unos costes inasumibles que hacen que esta economía no sea competitiva. Todos ellos gozan de un extraño trato de favor por parte de la Administración cuyo ejemplo más evidente es el de la eléctricidad, cuya factura no deja de subir.

3.No es extraño que la opinión del Gobierno y el punto de vista internacional, reflejado en los informes del FMI, difiera radicalmente, y, en consecuencia, también lo hagan acerca de las medidas a adoptar. No hace falta decir que las recomendaciones del FMI son muchísimo más radicales, y que las más significativas, como la de reducir los salarios en un 10%, profundizar la reforma laboral, o reformar las pensiones, han sido rechazadas por el Gobierno, y buena parte de la opinión pública, a pesar de la coherencia de las mismas con unas expectativas de crecimiento que no son para nada positivas (ver gráficos), y en las que se estima un crecimiento inferior al 1% hasta 2018, año en el que la tasa de paro no bajará del 25% y la deuda pública no será inferior al 106% del PIB.

Gráfico 4 – PREVISIONES DEL FMI
De 2013 a 2018 son proyecciones.

Dibujo4

                    Fuente: FMI y EL PAÍS

Una estimación realista que pinta un escenario dramático de nuestro futuro. Algo que la opinión internacional comparte como se ha puesto de manifiesto incluso a la hora de elegir la sede de una Olimpiada. Se puede perder con Japón, incluso es lógico, pero perder con Turquía habla bien a las claras de la baja cotización de España en el mundo en estos momentos. Nadie se fía de nosotros o no se espera gran cosa de nuestro futuro.

Por eso no se comprende (a menos que nos den por imposibles) que los organismos internacionales hayan aflojado la presión que ejercían sobre el Gobierno español, presión de la que se ha derivado el 100% de las reformas, aún insuficientes, que se han aplicado. Conociendo la psicología política de este país, conceder dos años más para cumplir los objetivos de déficit no sólo dificultará el cumplimiento del nuevo calendario sino que será aprovechado para evitar la necesidad de reformar y ser austeros. En cuanto el político de turno, como sucedió con Zapatero en 2010 y Rajoy en 2012, siente que la espada de Damocles se aleja, vuelve a las andadas.

Un buen ejemplo es el caso de las trasferencias en forma de adelantos, adelantos que nunca serán recuperados, que la Administración Central viene realizando en beneficio de instituciones como los Ayuntamientos y las Comunidades Autónomas, en buena parte responsables de las continuas desviaciones que se producen en un gasto público que sigue estando muy por encima de los Presupuestos de antes de la crisis, a pesar de que la economía real ha caído alrededor de siete puntos. Hacienda ha reconocido haber trasferido más de 70.0000 millones de “adelantos”, generalmente para el pago a proveedores, y está preparando, al amparo de la relajación del déficit, unos 20.000 millones adicionales.

El Estado a pesar de enfrentarse a la mayor crisis de la historia, con un impacto sobre la recaudación devastador, funciona básicamente sobre una hipótesis de continuidad consistente en tratar de hacer como si no hubiera pasado nada y “gana tiempo” incrementando la Deuda (hasta el presente unos 600.000 millones adicionales), aumentando los impuestos y absorbiendo, a través de los bancos, la mayor parte del crédito disponible. El Estado, como si se tratara de un tejido cancerígeno, se alimenta de un huesped al que no duda en explotar. Esto no es una salida de la crisis sino una huida hacia adelante a costa de quien haga falta.

Es impresionante el “esfuerzo de guerra” que la clase política está llevando a cabo para eludir para sí mismos las consecuencias de la crisis, a pesar de que ello no hace sino ensombrecer las posibilidades de una verdadera solución del problema. Sin padecer ningún tipo de castigo por parte de la opinión pública, suponiendo que esta exista.

4.La versión de esta historia en el caso vasco es la misma sólo que corregida y aumentada. Los políticos vascos cuando llegan al poder sufren de la misma mutación que les impide, entre otras cosas, oír malas noticias o tomar decisiones contundentes. De lo primero es un buen ejemplo el consejo del Gobierno Vasco a los empresarios de que no dramaticen, o la opinión de la portavoz de Bildu en la Diputación guipuzcoana en el sentido de que la crisis no es para tanto. De lo segundo es ejemplo la no reforma de la Administración y su crecimiento imparable siguiendo los consejos interesados de los sindicatos de enseñantes, personal sanitario o ertzainas.

Lo mismo que en el caso de la Administración Central, y para salvar el abismo creciente entre ingresos y gastos, se prefiere subir los impuestos, que es lo peor que se puede hacer en tiempos de crisis, o aumentar la Deuda, que heredarán las próximas generaciones, demostrando que cuanto más aseguran nuestros políticos, y los catalanes, que son diferentes del resto más evidente resulta que son iguales. Encima, el gobierno habla de reactivación económica. Por descontado, no existe ni sombra de duda de que si en lugar de tener gobiernos nacionalistas fueran del PSOE o del PP su comportamiento en este sentido sería exactamente el mismo.

Tener un extraordinario Concierto Económico, o una entidad financiera como la BBK (alias Kutxa), con una cuota de mercado no inferior al 50%, no ha servido absolutamente para nada cuando ha llegado la crisis porque los responsables políticos o económicos están escasamente preocupados por afrontar los problemas de competitividad, salida al exterior, carencia de crédito, reforma del mercado de trabajo o adelgazamiento de una Administración redundante. El Gobierno Vasco ha hecho cuanto ha estado en su mano (y eso que no se lo van a agradecer) por abonar la paga extra de los funcionarios, por seguir aumentando el número de los mismos, por no aplicar la semana de 37 horas, por mantener la ultra actividad de los Convenios colectivos, etc.

Una de las expresiones más notables de este inmovilismo sería la declaración del lehendakari en el sentido de que piensa adelgazar la Administración Vasca en un 20% o 30% sin reducir el número de sus empleados, el típico truco del ilusionista político cuya tarea fundamental consiste en hacer como que hace. Sólo para mantener la relación existente antes de la crisis entre empleados públicos y trabajadores del sector privado, una ecuación fundamental, sería necesario despedir a unos 550.000 en el conjunto de España (que ya ha despedido unos 150.000) y a unos 30.000 en el País Vasco, que no solo no los ha reducido durante la crisis sino que los ha aumentado en 12.000. Con semejantes Presupuestos.

La Autonomía vasca intenta, lo mismo que el Estado, vivir por y para el presente. Mientras tanto, el lehendakari anuncia que su gobierno se ha puesto a “construir el futuro” (sic). No sabíamos que el futuro consistiera en los próximos seis meses.

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